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Que conchita tan estrecha, que buena, que buena estas... me repetía una y otra vez al oído. Dejó de tocarme de repente, por un momento creía que todo había terminado, pero no era así, estaba hablando con sus amigos y preparando alguna otra estratagema. Efectivamente, hizo colocar a sus amigos tapando a Juan para asegurarse de que no veía nada, además como la gente bailaba y saltaba, tropezábamos una y otra vez y aquello parecía formar parte del tumulto de gente. El terrible guacho volvió al ataque pero esta vez no era su mano la que estaba entre mis muslos, era su aliento el que sentía en mi culo, al principio cerré las piernas, pensaba que aquello había ido demasiado lejos y quería detenerlo, al menos en parte, ya que cuando su lengua rozó mis glúteos, creí morirme, pero mas aún cuando con sus manos separaban mi culo y esa misma lengua exploraba mi orto, entonces si que había perdido totalmente el control, estaba totalmente entregada. En un abrir y cerrar de ojos aquel chico estaba bajo mis piernas chupandome la concha, iba del culo a mi concha una y otra vez, cuando su lengua rozó mi clítoris, un pequeño grito se escapó de mi garganta, afortunadamente parecía sordo, pues en el griterío de la gente nadie lo oyó y mucho menos Juan que seguía agarrado de mi mano y moviéndose al ritmo de la música. Otra vez aquella maravillosa lengua exploraba mi conejito, instintivamente yo abría más mis piernas y la deliciosa lengua continuaba jugando con mi clítoris hasta que, inevitablemente acabe como una perra. Tuve que apoyarme en el de delante que tampoco se enteraba de nada. El tipo salió de debajo de mi falda y volvió a chuparme en la oreja al tiempo que me decía. Mmmmm, que conchita más deliciosa tienes… Lo has pasado bien, ahora veras que tengo una verga como una piedra, no como la de tu novio. Levantó la parte de atrás de mi vestido y noté como algo duro y húmedo se metía entre mis nalgas, sin duda que el aparato era descomunal. Bajé mi mano libre se le agarré de la punta con mis dedos, comencé a jugar con esa maravilla de pija y la refregaba una y otra vez contra mi concha. Nuestros jugos se mezclaban y él no dejaba de chuparme y morderme en el cuello. Qué me estaba pasando? Por qué había llegado hasta allí?. No podía parar. Estaba calentísima y deseosa de que aquella enorme verga se introdujera dentro de mi, comencé a pajearlo con mi mano por debajo de mis piernas, notaba como su cabeza sobresalía de mis dedos, él hacía movimientos hacia atrás y hacia delante. Yo no aguantaba mas y él parecía que tampoco. Quiero metértela, quiero garcharte, vas a ver como entra mi pija en ese agujerito. La posición casi no lo permitía, ya que los dos estábamos de pie y yo tampoco podía inclinarme mucho hacia delante pues ni había espacio y podía resultar sospechoso para Juan, en cambio deseaba con todas mis fuerzas que me cojieran, lo necesitaba. Seguimos jugando, yo con mis dedos acariciaba su glande y los pliegues de la piel de su impresionante pija, él me mordía en el cuello y apretaba su pelvis contra mi culo, el contacto de su piel contra la mía era impresionante. Nuestras respiraciones iban en aumento y nuestro gusto también. El muy puto volvió a susurrarme. Te la tengo que meter, te tengo que cojer. Eso me encendía aún más y se me ocurrió la brillante idea de decirle a Juan. Cariño, tengo que ir al baño, no me aguanto. Ahora?, pero si no vas a poder llegar, esto esta a full me contestó. Es que no me aguanto. Bueno, te acompaño. No, no, voy yo sola, seguí viendo el concierto, así iré corriendo, no te preocupes. Sola? Si, si, no te preocupes. Así fue como me pude librar por un momento de él, estaba fuera de mis cabales, me estaba comportando como una chiquilla pero no me importaba nada ni nadie, quería sentir aquella verga enorme dentro de mí, así que me di la vuelta, tomé de la mano a aquel pendejo que me había puesto tan caliente y salimos corriendo entre el gentío hacia los baños. Sus amigos nos acompañaron, pues no querían perdérselo. Nos costó mucho abrirnos camino entre tanta gente, pero al fin lo conseguimos, no me importaban nada los golpes y roces que nos dábamos al pasar entre tanta gente. Al fin llegamos a los baños, los de las chicas estaban completos y había fila, entramos en el de los hombres y tan solo había dos chicos. Mi acompañante les dijo algo que les hizo salir de allí sin chistar, y sus amigos hicieron guardia en la puerta para que nadie nos molestase. Allí mismo, en el centro de aquel maloliente lugar comenzó a meterme mano por todos lados, esta vez sin ningún impedimento y yo naturalmente me dejé hacer. Nos besamos como dos condenados, jugando con nuestras bocas y nuestras lenguas, su mano se metía bajo mi vestido y acariciaba los pelitos de mi pubis, luego su dedo jugaba con los labios de mi concha. Cojeme, cojeme por favor, le rogué. Abrimos la puerta de uno de los baños y a pesar de estar mugriento no me importó lo mas mínimo, estaba tan deseosa de ser poseída por aquel extraño que no me importaba nada. El macho se bajó los pantalones hasta los tobillos quedando desnudo frente a mi, me encantó ver su torso desnudo y sudoroso, su pija completamente parada y una cara de vicio fuera de lo normal. Empezó a desabotonarme el vestido, lo hacía con tanta rudeza que me arrancó dos botones, tuve que...

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