|
sus dientes mordían mi cuello, yo miraba hacia abajo para ver desaparecer su preciosa pija dentro de mi conchita insaciable. De pronto frenó en seco, dio una última embestida dentro de mí y acabo abundantemente dentro de mí mientras repetía una y otra vez, Que polvo, que polvo, por Dios, que bien cojes. Giré mi cabeza y seguí besándole mientras él permanecía inmóvil y sintiendo los últimos coletazos de su acabada dentro de mi. Yo no quería que acabase tan pronto, necesitaba mas y más y más, estaba tan caliente que no tenía suficiente con ese polvo. El tipo me agarró por las axilas y nos separamos al tiempo que les decía a sus amigos, Carajo como coje esta perra, vayan pasando que los va a destrozar. Ni cortos ni perezosos fueron sentándose uno por uno sobre la taza del inodoro y yo sobre cada uno de ellos para sentir sus grandiosas y juguetonas vergas juveniles. El primero, el segundo, el tercero, el cuarto y el quinto fueron pasando y con cada uno de ellos yo gozaba mas y más, me hicieron acabar varias veces, en unos polvos de los más salvajes. Mientras uno me cojia los otros me acariciaban, me mordían, me besaban, me chupaban por todos lados. Mi primer cojedor y líder del grupo alentaba a sus amigos, Cojanla bien, denle pija, que esta necesitada. Ellos se animaban más y más y al mismo tiempo yo estaba en la gloria, nunca me habían hecho gozar de esa manera. No paren, no paren, que esa puta no tiene bastante, repetía el líder al amigo que yo tenía debajo. Así terminaron todos bastante agotados, incluida yo, porque a pesar de tener todos los músculos agarrotados y mi concha mas que irritada, quería mas y más, cojer a lo salvaje como nunca había hecho. En vista de que mis pensamientos parecían ser leídos por mi primer amante,
alcanzó a decirme, veras bonita, ahora te voy a meter esta pija por el culo y vas a ver las estrellas. Me asusté, francamente, ya que apenas lo había intentado una vez con mi novio y no fue muy gratificante, pero por otro lado quería pasar por ese nuevo reto y ser sodomizada era lo que más deseaba en ese momento, pobre de mí, me había convertido en una muñeca, en un títere de todos aquellos pendejos. Me hizo tumbarme boca abajo sobre el inodoro y apoyar mis manos contra la pared, escupió sobre sus dedos y me paso la saliva por mi culito, primero un dedo, luego dos y hasta tres, lo que hizo que mi agujerito se dilatara rápidamente. A continuación colocó su cabeza entre mis nalgas y empezó a forzar la entrada suavemente, hasta que la cabeza de su enorme miembro entró por completo. Yo chillaba, el dolor era punzante, pero poco a poco mi esfínter se iba relajando, para convertir ese dolor en un terrible placer que iba en aumento. Él continuó metiendo solo la punta mientras me agarraba por las caderas. Después seguía apretando para que centímetro a centímetro se fuera metiendo. Mis gritos debían ser ensordecedores, aunque dudo que nadie, aparte de los que estábamos allí, pudiera oírlo pues la música del concierto tapaba cualquier otro ruido. Bien bonita, ahora vas a ver como te entra toda en ese precioso culo me dijo. Me agarró fuertemente del pelo, tiró hacia él y de un golpe me acabó de meter todo su pija en mi dolorido culito. Creo que perdí la noción del tiempo, no sé si incluso llegué a perder el conocimiento, pero de pronto todos mis dolores y escozores desaparecieron para experimentar un gusto que desconocía. Mi espalda se arqueaba y mis caderas se movían al compás para recibir esa verga detrás de mí. De verdad que estaba viendo las estrellas y yo
le repetía segui turrito, segui... partirme el culo. Él seguía mis instrucciones y no dejaba de bombear mientras tiraba de mi pelo. Mi vello se ponía de punta y un escalofrío recorría todo mi cuerpo, llegué a no sentir mis dedos, mi cara ardía, era una sensación extraña, pero notaba como se acercaba un orgasmo diferente, empecé a gemir fuertemente, cada vez mas fuerte, hasta llegar a gritar, a decir cosas sin sentido, a insultar a todos los que me rodeaban y ese orgasmo me invadió desde la cabeza a los pies fue increíble. El tipo se corrió dentro de mí casi al mismo tiempo que yo, hasta que sus piernas no le sostuvieron y cayó sobre mi sudorosa espalda. sus amigos para no ser menos quisieron probar de aquel manjar y uno por uno me terminaron de destrozar el culo con sus largas, cortas, gruesas y estrechas pijas. Me dejaron tirada allí en medio de aquel maloliente lugar, sin ni siquiera despedirse de mí, tan solo riéndose y jactándose de haberse cojido a una perra con toda la facilidad del mundo, a pesar de estar con su novio. Mi cabeza daba vueltas, me sentía muy mal, sudorosa, sucia por dentro y por fuera, completamente desnuda sobre aquel asqueroso inodoro después de haber sido garchada y culeada con ganas por seis hermosos pendejos, sin haberlo buscado, sin ser premeditado, pero comprendí que había caído en la trampa del placer, sin apenas darme cuenta y por una parte sentía remordimientos, pero por otra recordaba el gusto que había soportado y había merecido la pena, al menos como una experiencia que no voy a olvidar y creo que nunca más podré repetir. Me puse mi vestido sobre mi desnudo y sucio cuerpo y cuando volví en busca de Juan, éste ya no estaba, supongo que después de haber tardado más de una hora, estuvo buscándome por los baños de chicas,
pero entre el gentío no podíamos encontrarnos ni yo a él ni él a mí. Salí a la calle y fui andando con la vista ida, perdida, desorientada. Hasta que no llegué a casa y me metí en la bañera no me di cuenta de lo que había sucedido realmente. A Juan nunca le conté lo sucedido. Nunca mas fuimos a recitales de rock, pero tendríamos que ir otra vez.
[ Pagina 1 ]
[ Pagina 2 ]
[ Pagina 3 ]
[ Pagina 4 ]
[ Pagina 5 ]
[ Pagina 6 ]
|